Una ucronía o contrafactual consiste en tomar elementos históricos y construir con ellos una ensoñación literaria. Es decir, se trata de construir un pasado que nunca existió tomando, como base, ciertos elementos históricos. Obviamente este proceso se puede hacer con cariño, con mimo, con espíritu crítico e incluso con muy mala saña.

En el mundo del celuloide encontramos gratos ejemplos como ¡Viva la República!, de Jaume Grau, que recrea los acontecimientos históricos más relevantes de la historia española desde la victoria del bando republicano en la guerra civil hasta la actualidad. Otro ejemplo reciente es C.S.A., de Kevin Willmott, en la que, desde el punto de vista de un documental de la BBC sobre la esclavitud en los Estados Confederados de América, se remonta a los días de la Guerra de Secesión para cambiar el rumbo de la misma. El sur gana la guerra y la esclavitud perdura hasta nuestros días. Destacar que ambos ejemplos se han conducido con ciertas dotes de prudencia y una maravillosa agilidad narrativa. Recientemente, Quentin Tarantino nos ha mostrado sus Malditos Bastardos que basada en la Segunda Guerra Mundial (IIGM) nos propone cambiar los acontecimientos y que la guerra finalice súbitamente en 1944 con el asesinato de Hitler a manos de un comando de judíos ayudados por el oportunista coronel nazi Hans Landa.

En el mundo de la literatura destacan ejemplos de mano de Philip K. Dick como El hombre en el castillo que continuando con la temática de la IIGM nos plantea un mundo en el que el eje ha vencido a los aliados. Sin duda alguna, la temática de la IIGM es uno de los grandes filones dentro de este tipo de construcción literaria, pero no el único. Ken Grimwood en Volver a empezar explora una nueva veta, dentro de las ucronías, planteando un salto atrás en el tiempo a su personaje que tras su muerte regresa a su juventud de universitario y revive la segunda mitad del siglo XX, alterando, en algunos casos, el curso de ciertos acontecimientos que ya ha vivido.

Sin duda alguna este tipo de literatura, que entra dentro de la literatura fantástica, nos aporta por un lado tranquilidad mental y por otro fomenta un sano espíritu de autocrítica histórica, que a menudo ha quedado sepultado en las fosas del olvido colectivo.

Pero aunque sea desde el prisma de una cercanía desvirtuadora, ¿Somos capaces de imaginarnos como habría evolucionado el mundo, hasta el día de hoy, si en el 2008 la palabra crisis no hubiera inundado nuestras vidas cotidianas? ¿Cómo hubieran reaccionado los bancos centrales si en septiembre de 2008 el Banco de inversión Lehman Brothers no hubiera caído junto con las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac o la aseguradora AIG?. O ¿si la reserva federal no hubiera tenido que adquirir el 80% de los activos de AIG inyectando 85.000 millones de dólares?….

¿Otros habrían sido los cinceles que hubiesen tallado las pétreas losas de la historia?

Supongamos pues que todo eso no ha sucedido, que estamos en septiembre de 2008 y que el precio del petróleo continúa su vertiginosa senda alcista y que el resto de materias primas, acero y gas incluidos, acompañan al crudo en su imparable ascenso.

Supongamos que tras una campaña electoral centrada en el fin de la guerra de Iraq y sin la crisis como telón de fondo, Obama pierde las elecciones el 4 de noviembre de 2008 y, en consecuencia, Mc Cain es proclamado presidente electo.

¡Las anquilosadas ruedas dentadas de la historia han cambiado el devenir de los acontecimientos!

El 21 de enero de 2009, tras tomar posesión de sus funciones como 44º presidente de los EEUU, Mc Cain movilizó a más de 150.000 efectivos con destino a Afganistán. La mayoría del contingente fue desplegado en las regiones al oeste del país, como la región de Herat, donde se encontraba el destacamento del ejército español. En plena frontera con Irán, las respuestas no se hicieron esperar. Por un lado los talibanes protagonizaron, tanto en Afganistán como en Iraq, numerosos y sangrientos combates en los que fueron continuamente doblegados por la potente maquinaria bélica yanqui, por otro, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, lideró una cruzada mediática contra lo que consideraba una provocación del ejército americano, al que acusó de encabezar incursiones en territorio iraní con el claro objetivo de armar a la oposición. En consecuencia, a finales de marzo, el precio del crudo alcanzó los 200$ por barril arrastrando al resto de materias primas hacia un ascenso vertiginoso, que significó el comienzo a un largo periodo inflacionista, como no se había visto en décadas.

Como era de esperar, también en EEUU surgieron voces críticascontra la política belicista llevaba a cabo por el Presidente Mc Cain. El mismo Barack Obama, el 16 de mayo dio comienzo a una huelga de hambre con el objetivo de pedir a su gobierno una postura más pacífica y menos beligerante en Oriente Medio. A lo largo de los 27 días de ayuno voluntario, frente al Memorial de Lincoln, el discurso pacifista de Obama consiguió movilizar a más de 750.000 personas que ocuparon la explanada del Memorial alcanzando el President’s Park en frente de la propia Casa Blanca.Finalmente, Mc Cain cedió a la presión popular y el 18 de junio firmó en el congreso el que se denominó “Acuerdo de la Seda”. En dicho acuerdo los EEUU se comprometieron a respetar las decisiones tomadas en el seno de la OTAN y a no atacar en consecuencia a ningún país de forma unilateral. Este acuerdo significó el fin de la política exterior de los EEUU basada en el principio de defensa preventiva. El conato de guerra había terminado para Irán, pero los tambores de guerra redoblaron con fuerza e hicieron temblar la roja tierra de Afganistán, donde, en los meses siguientes, miles de talibanes fueron apresados o cayeron en cruentos combates.

La hazaña cometida por Obama le supuso el reconocimiento internacional y que alcanzó su máximo exponente al ser galardonado con el premio Nobel de la Paz. Desde entonces comenzó a ser conocido por todo el mundo como el “Ghandi negro”. El Nobel, le fue otorgado en el acto celebrado el 9 de octubre, en una gélida Noruega, y en el que también se reconoció la gran relevancia en el mundo de las letras de Don Miguel Delibes otorgándole el premio Nobel de Literatura. Al acto acudieron sus Majestades los Reyes de España a los que acompañaba el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero que, con una situación económica saneada de las arcas del estado y tras la dimisión del su principal opositor político, pasaba por uno de sus más dulces momentos políticos. Pocos días antes, el 24 de septiembre de 2009, y en plena sesión inaugural del Convención Nacional del Partido Popular, Mariano Rajoy sorprendió a todos anunciando su retirada de la vida política. Su dimisión como Presidente del PP y su renuncia al acta de diputado, aunque inesperada, se veía muy próxima desde el círculo de colaboradores cercanos a Mariano Rajoy. Todos conocían la debilidad de su estado anímico tras constatar imposible su acceso a la Moncloa y al estar completamente apesadumbrado por las disputas internas lideradas por la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Don Mariano dejó completamente la vida política y como experto, en los temas del balón, asumió la dirección del Deportivo de la Coruña, con el que, tras una magnífica fase de clasificación, conseguiría conquistar la Copa de Europa el 22 de mayo de 2010 en el estadio Santiago Bernabéu.

Tras la ceremonia del Instituto Nobel en Oslo, Zapatero fortaleció su presencia internacional y lanzó la campaña “Living in Spain” en la que, con el apoyo de familia Real, visitó más de 38 países, en menos de 3 meses, mostrando las benignidades de una vida en la península Ibérica que había experimentado regímenes de crecimiento del PIB del 4% y 5% durante el 2007 y 2008 respectivamente y que en el 2009 rozaría el 8%. El milagro se achacó a las políticas con las que el Gobierno de Zapatero contrarrestó el vertiginoso ascenso del precio de las materias primas y que tuvieron como pilar fundamental las fuertes inversiones en I+D en los sectores de la construcción, turismo y energías renovables. Aunque pareciese imposible pocos años antes, la industria española, del sector de las energías renovables, demostró su capacidad de liderazgo internacional en el cambio de modelo energético. Poco después, en febrero de 2010, España alcanzó su ratificación internacional al ser admitida en el G8.

Pero también, desde el punto de vista deportivo España se consagraría como la potencia mundial que siempre había soñado ser cuando, tras los numerosos éxitos logrados por deportistas en todas las disciplinas deportivas, el 10 de Julio de 2010 La Roja se coronó como campeona del mundo de futbol en Sudáfrica.

Afortunada o desafortunadamente, nada o poco de lo que estas líneas han recreado ha sucedido. Podemos sonreír e incluso depositar un amargo suspiro al releer algunos de los precedentes párrafos. Y aunque esta ucronía no haya tenido objetivo más ambicioso que el de arrancar unas tímidas e incluso agridulces sonrisas, como ciudadanos no debemos desviar la atención sobre nuestro presente, esquivando el dañino derrotismo, ni desperdiciar cualquier oportunidad para aportar una sana visión crítica, evitando la formulación de juicios sumarísimos. Y quizás así, conseguiremos gobernar nuestras vidas de una forma más plena e inteligente.

Post original publicado en el Ateneo Naider el 27 de octubre de 2010.