“Lo absurdo nace de la confrontación entre la necesidad humana y el silencio insensato del mundo”, Albert Camus

Dentro del ámbito de la psicología y en pos de una explicación científica de la personalidad del hombre, nace la Jerarquía de Necesidades de Maslow(1) más conocida por la Pirámide de Necesidades. En dicha teoría, Maslow detalla cinco niveles de necesidades que han de satisfacerse gradualmente desde su base, donde se encuentran las necesidades fisiológicas, para llegar a la cima y alcanzar la autorrealización. Ante el desencanto por las injusticias y desigualdades crónicas y ante los periodos de crisis endémica que plagan ciertas regiones, nacen una serie de autores que analizan la necesidad humana tratando de dar una respuesta coherente capaz de garantizar el desarrollo de los grupos invisibles, de los grupos de oprimidos, de las colecciones de olvidados por los estados y en muchos casos también por la historia. Max-Neef(2) , a través de sus estudios de campo e investigaciones presenta un enfoque sistémico de las necesidades humanas. En contraposición con la teoría de Maslow, para Max-Neef las necesidades humanas no son infinitas, ni divergen tanto según el nivel cultural, ni son tan diferentes en cada periodo histórico. Max-Neef, distingue entre necesidades y satisfactores de dichas necesidades, de tal manera que lo único que queda determinado por la cultura y el tiempo es la forma de satisfacer las necesidades, es decir los satisfactores. Max-Neef aclara que la no satisfacción de alguna de las necesidades provoca patologías que son muy susceptibles de convertirse en endémicas en lo que define como la infrahistoria o grupos invisibles. Tratemos de hacer un ejercicio de revisión histórica para identificar a esos colectivos invisibles que siempre han existido a lo largo del tiempo y que pese a haber contribuido en las prácticas productivas no han logrado satisfacer sus necesidades humanas. Podemos identificar una primera era que llamaremos de los grupos localizados y que se extiende desde el dominio de las Tribus hasta la llegada de los gobiernos que caracterizan la primera mitad del siglo XX. Por ejemplo, en la época de las tribus encontramos a los rivales sometidos, a los esclavos tomados o a las mujeres quebrantadas. En la época de las repúblicas griega y romana los pueblos se vieron sometidos, en el mejor de los casos culturalmente, perdiendo parte de sus costumbres y cultura local y en ocasiones la vida. Durante la hegemonía de las religiones, a parte de las guerras que han podido causar, se cometieron, en sus ámbitos de actuación local, injusticias y vejaciones que provocaban emigraciones masivas, y prisión o la muerte a los colectivos no integrados con esta o aquella religión. El despotismo de las monarquías es el claro ejemplo de la pirámide de Maslow, donde muchos villanos o campesinos sobrevivieron sin poder satisfacer sus necesidades, para garantizar que el amo y señor alcanzase la plena felicidad. Durante la expansión de los imperios y en su afán colonialista se han aniquilado culturas nativas y civilizaciones enteras. Durante las dictaduras del siglo XX se exterminó, se censuró, se eliminaron libertades y se tomaron represalias con los que, ni aún hoy, se puede recuperar en la memoria. En todos los casos se trata de grupos geográficamente localizados que quedan excluidos y marginados sin posibilidad de satisfacer sus necesidades, en muchos casos vitales, ante un ente dominante, también localizado. Identificamos una segunda era, la de las comunidades deslocalizadas, donde el ámbito de actuación de cada comunidad ya no tiene porque circunscribirse a un espacio determinado. Encontramos comunidades con las mismas ambiciones por satisfacer una determinada necesidad en diversos puntos del globo, y que son capaces de articularse para responder a esa necesidad. Es, sin lugar a duda, la época que nos está tocando vivir. Un signo característico de esta “era 2.0” es que a medida que nos hemos vuelto más longevos y que hemos asumido la terrible limitación que nuestro planeta padece, el hombre a ampliado su ámbito de preocupación por el medioambiente, el mantenimiento de la biodiversidad, la preservación de las culturas autóctonas y en general por el entorno que le rodea. Aunque las comunidades tradicionales como los sindicatos, los lobbys empresariales, los partidos políticos o las ONG siguen ostentando un poder mediático y fáctico importante, ahora mismo cualquier colectivo puede organizarse, esté donde esté, y hacer llegar sus necesidades a cualquier parte del planeta, incluidos sus gobiernos, para que les provean de los satisfactores necesarios. Un claro ejemplo son las campañas de Amnistía Internacional que han logrado evitar que el terror, en forma de justicia, aplicase la pena capital a menores o la lapidación a mujeres. La percepción que tenemos de que desde estas comunidades se puede mejorar el mundo, ha fomentado su auge. Por deformación, estas comunidades, ya sean en el ámbito político, empresarial, de marcas y hasta en el de la cooperación al desarrollo, solo se comunican en términos de agregados. Se toman medidas para fomentar el empleo cuando la tasa de paro asciende, se despiden a cientos de trabajadores cuando las cifras de negocio son negativas, se lanzan campañas publicitarias cuando las ventas mundiales no superan los objetivos o se lanzan campañas contra la hambruna cuando el índice de mortandad supera umbrales catastróficos. En estos momentos podemos constatar una febril lucha entre la articulación macro y la micro por sacarnos de la crisis. Sin embargo, los datos agregados, con los que trabajan ambos púgiles, delatan un interés subyacente porque la crisis no impregne durante mucho más tiempo sus cifras. Participar de este juego de agregados nos hace tomar decisiones sobre grupos ignorando la esencia del destinatario final, del hombre y de sus necesidades, pues solo las colectividades, tienen representación suficiente. De tal manera, que en esta “era 2.0”, las personas que no participan de las redes colectivas seguirán perteneciendo a la infrahistoria, sin ninguna posibilidad real de satisfacer sus necesidades. Si de verdad queremos priorizar la satisfacción de nuestras necesidades como mujeres y hombres, debemos abandonar o relegar a un segundo plano esas vías y priorizar lo que podemos llamar la autodependencia personal. Por eso tenemos que apostar por una “era 3.0” donde cada ciudadano tenga la oportunidad de comunicar a su gobierno las dificultades que tiene en satisfacer determinada necesidad. Como respuesta, a esa manifestación, se articularían los eslabones necesarios para personalizar satisfactores que posibilitan a la persona para alcanzar las metas de un desarrollo sostenible humano. En nuestra cara del planeta, de necesidades mínimas satisfechas, las arcas de los diferentes sistemas sanitarios agradecerían que, en lugar de ir al psiquiatra o al psicólogo, nos autoanalizáramos para entender nuestras necesidades y que satisfactores se pueden articular. Seguramente nos daríamos cuenta de cuan sencillo y simple puede ser completar una vida plena y sostenible. Si además predicamos con el ejemplo y somos capaces de contribuir a la satisfacción de las necesidades que puedan presentar nuestros cercanos, los laboratorios farmacéuticos productores de Prozac se hundirían, agregadamente, en el mercado de valores. Pero también en esta cara del planeta se pueden particularizar los satisfactores. Una persona desempleada puede cobrar la prestación mes a mes o capitalizarla, si va a realizar una actividad empresarial o si es emigrante y retorna a su país de origen. ¿No sería aún más interesante emplear la prestación adaptada a las necesidades particulares de cada desempleado?. Por ejemplo, para mejorar la formación a través de un Master o de un curso de especialización, o para hablar correctamente un idioma con una formación en un país nativo, o para facilitar los desplazamientos a entrevistas de trabajo fuera o dentro del país. En todos los casos, una capitalización parcial o total permitiría satisfacer una necesidad tan básica como es la de subsistencia, consiguiendo un empleo. En la cara oscura del planeta, una ayuda a la cooperación y al desarrollo que tenga en cuenta las necesidades particulares de las personas evitará acciones basadas en el suministro sistemático de alimentos y se volcará hacia la elaboración de programas de autoconstrucción. En este sentido el establecimiento, por Muhammad Yunus, de los microcréditos a través del Grameen Bank, más conocido por el Banco de los Pobres, en Bangladesh, ha demostrado ser un gran éxito por el que 11 millones de personas han logrado alejarse de la pobreza desde 1983. Y para ello necesitamos un mundo en que cada ciudadano, cada mujer, cada hombre, no sea tratado o englobado por su edad, sexo, religión, ideología o nacionalidad, sino como un ser único. Por un lado garantizaremos que, sea cual sea el modelo de vida, se satisfacen las necesidades mínimas. Por otro lado evitaremos que las acciones tomadas, en función de los datos agregados, no alcancen a los ciudadanos invisibles, garantizando que mujeres y hombres consigan la autodependencia.

(1)Abraham Maslow. 1943. A Theory of Human Motivation. Publicado en Psycological Review, Vol. 50(4), pp. 370 a 396. 1991. Motivación y personalidad. Publicado por Ediciones Díaz de Santos.

(2) Manfred A. Max-Neef. 1993. Desarrollo a Escala Humana. Publicado por Nordan-Comunidad.

 

Post original publicado en el Ateneo Naider el 13 de agosto de 2009