Su proverbial capacidad argumental y su prosa, exuberante y certera, han convertido a José Ignacio García en un referente de la narrativa española actual. Y le han servido para conseguir, entre otros galardones y honores, el prestigioso Premio de Narrativa “Miguel Delibes” con “Entre el porvenir y la nada” en 2009.

Uno puede sumergirse en Google, ojear la Wikipedia, investigar el diccionario de autores de la Cátedra Miguel Delibes o curiosear el muro de Facebook de una u otra persona, y con esa información conformar en su mente una imagen, quizás incluso una secuencia de fotogramas a las que la persona trata de dar una cadencia y un sentido. Algo así como una proyección de lo que en realidad es la persona tamizada por una óptica impuesta por el medio y por una interpretación subjetiva que terminará por erigir, de forma individualizada y particular, la figura de un personaje. Cuando ese personaje cabalga de boca en boca y vuela de retweet en retweet, su aura comienza a desprender tintes de mito. Seguramente, en muy poco tiempo, José Ignacio formará parte de ese particular retablo de la sabiduría popular a la que los grandes acceden por méritos propios. Y seguramente su nuevo libro, “El cuento que quisiera escribir contigo”, contribuirá en gran medida a alcanzar esa meta.

Pero más allá de ese mito colectivo o de ese personaje individual, José Ignacio García es una persona de carne y hueso, como usted o como yo, y eso es lo que le hace grande. Sin sus vivencias, sin sus fracasos, sin sus victorias, sin su renacer y sin la sangre, que con la presión de un torrente joven y altivo, recorre sus venas, José Ignacio no sería capaz de destilar la misma pasión por la vida y por las personas, y eso, créanme, se nota a cada palabra, a cada comparación, a cada párrafo y a cada relato que remata con su preciso cincel.

Por eso, la mejor forma de conocer a José Ignacio es a través de sus relatos, las historias y cuentos que manan de su más profundo interior. No es necesaria una animosa charla para descubrir que a través de lo cotidiano, de lo cercano, de lo familiar, Ignacio da el sentido a la vida que la convierte en un tesoro deseable, que se nos escapa entre los dedos de las manos, como le sucede al abuelo de “Las páginas de la vida” o al protagonista solitario de “Predestinación”. Tampoco es necesario preguntarle por la muerte para averiguar su exacerbado anhelo por la pasión de los sentimientos palpables, carnales y comestibles cuyo sabor perdura en el paladar, como sucede en El secreto de su nombreo en “Retrato de familia”, o el tierno amor de la juventud de “El paraíso del silencio“. Tampoco tenemos que convivir con él para descubrir que en su caso honor y fidelidad van unidos de la mano, como ocurre en “Crónica de un amor roto”, o en “Las novias viudas”, y que al igual que le gusta verse rodeado de los cercanos, de la familia y sus amigos, también le gusta arropar a los suyos cuando lo necesitan. O declarar que cree en el amor verdadero por encima de todo, como confiesa en la carta de amor que titula y cierra su nuevo libro.

Además de una gran escritor, y por ende mejor persona, José Ignacio García es también columnista y tertuliano, y un incansable organizador de empresas que le obligan, como al resto de los mortales a trabajar las horas de la vida y las del sueño y las de la escritura, en su gran Odisea personal.

Pero por encima de todo, su gran mérito es vivir la vida con la intensidad y con la pasión con la que lo hace. Enfrentándose con mucha valentía a todas y cada una de las dificultades con las que se encuentra y compartiendo con todos, sus más allegados y todos aquellos que seguimos su obra literaria, sus logros, sus éxitos y sus alegrías.

Si sus párrafos dejan huella, sus relatos son losas que perdurarán en el tiempo como parte de la mejor literatura de nuestro recién comenzado siglo.

Zeus P. V.

distopias.com

Fotografía de Adriano Agulló